viernes, 16 de agosto de 2013

El horror de los 'zulos caninos'

* Imágenes tomadas de Facebook

VALENCIA | 15 DE AGOSTO DE 2013.
Su mayor don es también su castigo. Su alta velocidad los diferencia de otras razas caninas, son perfectos compañeros de caza, y esa circunstancia hace que tanto galgos como podencos sean unos de los animales que más sufren a causa de la crueldad humana.
Maltratados, abandonados y ahorcados lentamente cuando dejan de resultar útiles para la actividad cinegética. La imagen dantesca que ofrecía el lugar del que fueron rescatados 54 perros, el pasado domingo en el pueblo valenciano Font d’en Carrós, refleja de forma elocuente su trágica situación. Una imagen por desgracia demasiado frecuente en una España todavía demasiado negra, con ribetes de sordidez y de miseria. 
"Hemos visto cosas espantosas, pero aquella visión superaba todo lo imaginable y se nos saltaron las lágrimas", dice Daniel Carbonell, uno de los cinco miembros de la asociación Galgos112 que acudieron al lugar de los hechos para ayudar a las fuerzas del orden. "En sólo 15 metros cuadrados, bajo un techo de uralita se hacinaban 54 perros, todos podencos menos dos hembras de galgo ya mayores. Estaban sujetos con cadenas muy cortas que les impedían mover la cabeza o sentarse. Casi todos mostraban síntomas de sarna, heridas a veces infectadas con gusanos, úlceras y un pánico tremendo".
Los perros decomisados están siendo tratados por los veterinarios de la asociación a la espera de ser adoptados por alguien que les dé una vida mejor. Mientras tanto, los miembros de Galgos112 van a denunciar por maltrato animal a su propietario que se ha ido de rositas con una simple sanción administrativa. "Queremos que este horrible suceso sirva como ejemplo, porque por desgracia zulos como éste hay muchos en España ya que no existe un control eficaz sobre los animales de caza", señala Carbonell. 
Galgos112, que tomó su nombre del teléfono de emergencias, funciona desde abril de 2008. En este tiempo han conseguido tramitar 2.000 adopciones la mayoría en España, aunque también en países de Europa, incluso Estados Unidos y México. Además de rescatar y recuperar a los galgos y podencos, la asociación realiza una labor de concienciación en escuelas y colegios para que en un futuro se acabe con la lacra del maltrato animal.
Perfectos para convivir en familia
"Estamos absolutamente desbordados porque somos un colectivo pequeño, formado por cien voluntarios, no disponemos de un refugio y sólo podemos albergar a 150 perros", explica Nuria Murla, uno de los miembros de Galgos112. "Tantos los galgos como los podencos son de natural algo tímidos y asustadizos, pero magníficos para convivir con una familia", asegura Murla. "Son muy tranquilos y buenos compañeros. No para tenerlos como guardianes en una caseta en el jardín, sino para que estén en casa con los niños". 
Aunque galgos y podencos son muy semejantes, primos hermanos genéticamente hablando, los primeros han eclipsado a los segundos y desde Galgos 112 se pretende aprovechar el rescate de Font d’en Carrós para concienciar a los ciudadanos sobre la existencia de esta raza que forma parte del acervo tradicional: Galgos o podencos. Churras o merinas.
Ahorcamientos sádicos
Debido a la falta de control sobre su crianza es imposible saber el número exacto que existe en España, aunque se estima que ronda los 50.000. En los últimos años los medios de comunicación han alertado sobre el trágico final de cientos, quizá miles de ellos, que son ahorcados por sus amos cuando ya no resultan útiles para cazar. 
Lo que no todo el mundo sabe es que no se trata sólo de linchar al animal sino de torturarlo para que se ahogue lentamente, y lo que resulta más aberrante, el tiempo de tortura depende de las liebres que haya cazado. "A los buenos cazadores se les hace sufrir menos tiempo", indica Murla. "Pero todos sufren a lo largo de la vida porque se les priva de alimento para que cacen mejor y cuando empiezan a perder facultades se les desecha". 
El entrenamiento agotador con vehículos de motor es otro de los suplicios que galgos y podencos debían soportar hasta hace pocos años. Tras prohibir esa práctica salvaje, la Junta de Andalucía intentó recuperarla y sólo gracias a la presión internacional se dio marcha atrás. "Lo más irónico es que Andalucía tiene una magnífica ley de protección animal equiparable a la de Cataluña o a la que funciona en Holanda", señala Murla. "El problema es que en esa comunidad no se aplica como es debido, aunque también tengo la satisfacción de decir que en Andalucía también han adoptado muchos galgos como animales de compañía".
Fuente: El Mundo 

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