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miércoles, 8 de abril de 2015

No hay pingüinos en el Ártico



Por: Carlos M. Duarte
Profesor de Investigación del CSIC en el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA)
ESPAÑA | 6 DE SEPTIEMBRE DE 2014.
Al destacar diferencias entre los ecosistemas polares del Ártico y la Antártida, es común afirmar, -lo cual es cierto- que en el primero no hay pingüinos, mientras que en el segundo no hay osos polares. Sin embargo, el termino "pingüino" deriva de una especie ártica, cuyo nombre científico es el Pinguinus impennis, llamado alca gigante o gran pingüino en español.
Esta ave estaba distribuida desde latitudes templadas en el Atlántico Norte hasta el Ártico. Tuve ocasión de contemplar un especimen disecado en la sede del Instituto de la Naturaleza en Groenlandia (en la fotografía abajo a la derecha). Se trataba de un ave marina de gran talla, superando los 50 cm de altura, y, como los pingüinos del hemisferio sur, inicialmente llamados pájaros bobos, incapaz de volar y torpe en tierra aunque muy ágil en el agua y, por lo tanto, extremadamente vulnerable a los cazadores y a aquellos que robaban los huevos de sus nidos.
Ejemplar disecado de Pinguinus impennis
conservado en el Instituto de la Naturaleza
de Groenlandia (Nuuk).
Foto de Carlos M. Duarte
El Pinguinus impennis se extinguió en 1844 debido a la caza, robo de huevos y al afán de museos y coleccionistas de hacerse con uno de los últimos ejemplares existentes. Es entonces cuando la afirmación de que no hay pingüinos en el Ártico deviene trágicamente cierta. Y digo trágicamente porque la extinción de una especie debido a la estupidez humana es ciertamente una tragedia irreparable, sin marcha atrás, y que se debe frecuentemente a la más absoluta ignorancia.
Leyendo literatura sobre cambios en el Ártico para un proyecto científico en el que estoy inmerso, me topé con una descripción de la extinción de Pinguinus impennis por la muerte de la ultima pareja conocida que quiero compartir con los lectores de El Huffington Post  como ejemplo de las dramáticas e irreversibles consecuencias de la frustrante ignorancia humana.
El ornitólogo sueco Sven-Axel Bengston recoge en su articulo de 1984 sobre la extinción del Pinguinus impennis un diario de Mr. J Wolley que describe cómo una partida de islandeses desembarcaron en la punta Edley, en el suroeste de Islanda, entre el 2 y 5 de Junio de 1844 para dar caza a los dos últimos ejemplares de Pinguinus impennis y destruyeron ademas sus últimos huevos. El pasaje reza así:

"Al subir a la cima, los hombres vieron dos alcas gigantes entre un numeroso grupo de aves marinas e inmediatamente se pusieron a perseguirlos. Las alcas gigantes no mostraron ninguna intención de rechazar a los intrusos, pero inmediatamente corrieron hacia el borde del acantilado, con sus cabezas erectas y sus pequeñas alas extendidas. No emitieron ningún ruido de alarma y se desplazaban con cortos pasos no más rápidamente de lo que un hombre puede caminar. Jon Brandsson acorraló a una de las aves y se hizo con ella. Signurdr Islefsson y Ketil Ketilson persiguieron a la otra ave, y de nuevo la acorralaron al borde del acantilado, que se elevaban muchos metros sobre el agua. Tras apresarla, Ketil Ketilson regreso a la colonia y vio un huevo de Alca en el suelo y al tomarlo comprobó que estaba roto."

Estas dos aves, los últimos ejemplares de Pinguinus impennis, fueron vendidas a un comerciante acabando sus cuerpos y órganos en la colección del Museo de Zoología de la Universidad de Copenhage, donde aún se conservan en formol. La lectura de este pasaje me sumió en una profunda tristeza y melancolía, no solo por constatar la ignorancia, brutalidad y codicia que llevaron a la extinción del Pinguinus impennis, sino porque no pude rechazar la idea de que ese mismo o parecido episodio volverá a ocurrir en pleno siglo XXI, y probablemente esté ocurriendo ahora mismo.
Dibujo de Pinguinus Impennis
Imagen de la Wikimedia
Lamentablemente, el instinto de causar muerte a otros seres vivos, incluidos los de nuestra propia especie, sigue estando terriblemente enraizado en el ser humano. De hecho, las elevadísimas tasas de extinción actuales, debidas en su mayor parte a la destrucción de hábitat, han llevado a la comunidad científica a afirmar que nos encontramos inmersos en la sexta gran extinción, una que no está causada por cataclismos sino por la ignorancia de una especie dotada de una enorme capacidad y voluntad de destrucción.
Descansando este verano tras una hora larga de buceo en apnea admirando la vida marina en la todavía bien conservada costa norte de Menorca, pude observar cómo tres hermanos, posiblemente entre 7 y 10 años de edad, capturaban y daban muerte a cuantos cangrejos, erizos de mar y estrellas de mar que conseguían capturar. Se lamentaban de no poder hacer lo mismo con los peces, a los que no conseguían atrapar, ante la indiferencia de sus padres, que conversaban en una roca junto al lugar de esta matanza.
La excitación de estos niños por la captura y muerte de cuanto animal marino caía en sus manos me retrotrajo a recuerdos de la infancia, en la que compartía esa misma excitación por la captura de todo tipo de animales marinos. Y es que el marisqueo ha sido una actividad humana desde hace más de 250.000 años, con lo que es normal que la predación de la vida marina sea un instinto innato. Aunque curiosamente diría -como observación personal por la que podrían tacharme de sexismo- que ese instinto de destrucción está mas extendido entre los niños que las niñas, habitualmente mas respetuosas con la vida marina, posiblemente fruto de una educación diferencial temprana.
Mientras que el maltratar o dar muerte a animales puede ser un instinto innato en los niños, corresponde sobre todo a los padres, y también a los educadores, reconducir esa fascinación y excitación por la vida marina desde la tortura y muerte de los animales, a su conocimiento y observación como vía hacia el respeto. Esto parece aún un objetivo lejano en una sociedad particularmente cruel con los animales, con costumbres tan injustificables como el toreo como seña cultural nacional.
Cuando era adolescente oía, e incluso llegué a ponderar como legítimos, los argumentos que se esgrimen típicamente para justificar la carnicería del toreo: que sin el toreo el toro de lidia desaparecería, que si el toreo ha inspirado expresiones artísticas que sin esta actividad no se hubiesen gestado. Basta contemplar la litografía titulada 'Diversión de España', de la serie Los toros de Burdeos de Goya, para darnos cuenta de que el artista no quiere ensalzar esa actividad, sino que a través de ella refleja la brutalidad e ignorancia del pueblo español. El verdadero amante de los toros no tendría inconveniente en seguir manteniendo en sus cortijos toros de lidia simplemente por el placer de contemplar esos bellos animales sin que sea para ello imprescindible la continuidad de las corridas de toros.
Argumentos similares se suelen esgrimir en defensa de la caza, que presentan a los cazadores como los primeros defensores de la naturaleza, llegando a alabar el papel de los cotos de caza en la conservación de nuestro patrimonio natural, cuando existen figuras de protección como parques nacionales que no requieren que en ellos se mate animales por placer para conseguir su conservación.
Tragarse estos argumentos absolutamente falaces y cínicos solo es posible en un pueblo ignorante, hipócrita y también cobarde, pues nada tiene de valiente torturar o matar animales por el placer que su contemplación ocasiona en el público o en el cazador. Un pueblo educado y culto busca la inspiración artística en otras fuentes, no en el sufrimiento y muerte de los animales.
La comunidad científica española de biólogos o ecólogos no es ajena tampoco al afán coleccionista de especímenes para conservar en colecciones, o de muestras para analizar. Incluso cuando esta conlleva daños a especies protegidas. Al toparme en el pasado con colecciones científicas en instituciones científicas españolas, cuyo valor se explica por el hecho de que contienen especies o subespecies ya extintas, no pude evitar preguntarme si estas extinciones se produjeron precisamente para nutrir las colecciones, como ilustra el caso del Pinguinus impennis.
El autor de este artículo
Recientemente oía unas declaraciones de una especialista en violencia de género que se lamentaba de que el instrumento más poderoso para prevenirla, la educación en el respecto de genero, había sido borrada de un plumazo de los contenidos de la nueva ley de educación. Igualmente, cabría preguntarse qué contenidos sobre respeto de la naturaleza y la biodiversidad tienen los nuevos planes de estudio.
Únicamente la educación, impartida desde los primeros años en casa y la escuela, es capaz de asegurar el respeto por las diferencias, sean estas de género, de opciones sexuales, étnicas, de creencias o las diferencias más profundas en la diversidad de formas de vida. Se trata, al fin y al cabo, de convertir la diversidad, incluida la biodiversidad, en un valor que provoca interés y deseo de comprender, no en una amenaza a destruir.

miércoles, 16 de abril de 2014

Rachel Carson: una pionera del ecologismo




Por: María Aurora Esteban
Profesora de Matemáticas y autora del blog La campana de Gauss
ESPAÑA | 17 DE JUNIO DE 2014
El pasado 27 de mayo se celebró el 107º aniversario del nacimiento de Rachel Carson. Fue una bióloga marina estadounidense que contribuyó a la puesta en marcha de la moderna conciencia medioambiental. Nació en Springdale, Pensilvania. Pasó su infancia explorando las 26 hectáreas de la granja familiar. Le encantaba leer. El tema común de su literatura favorita era el mundo natural, en particular el océano. Aunque inicialmente estudió Literatura inglesa, cambió la especialidad de sus estudios por la Biología. Continuó estudiando un máster en Zoología y en 1935 comenzó a trabajar en la Administración de Pesca y Vida Salvaje donde ejerció como autora de textos divulgativos. Publicó numerosos artículos sobre temas marinos que tuvieron un notable éxito entre los críticos y el público en general.
En 1941 publicó el libro Bajo el viento del mar, donde hablaba sobre la lucha por la supervivencia que se da en el fondo marino. El éxito cosechado por estas obras le permitió dedicarse enteramente a la literatura. Profundizó entonces en sus reflexiones sobre las relaciones que mantenemos los seres humanos con nuestro entorno natural. Habiéndose mudado por razones familiares al campo de Maryland, empezó a observar los devastadores efectos producidos por los pesticidas, en especial el DDT, sobre la vida silvestre. Se preguntó sobre las consecuencias de la utilización y la diseminación de partículas químicas en la naturaleza y de sus efectos sobre el ser humano.
Es entonces cuando inicia la elaboración de su obra más influyente, Primavera silenciosa, que vería la luz cuatro años más tarde, en 1962. Con ella puso en evidencia los peligros de los pesticidas, cuya larga vida amenaza al planeta con un envenenamiento progresivo. 
El libro provocó una intensa polémica, incluso antes de su publicación, por parte de las autoridades y de la industria, ya que tocaba importantes cuestiones económicas sobre la producción agrícola y señalaba el abandono de los responsables políticos, que no sólo no reflexionaban sobre estas cuestiones antes de autorizar el uso de los pesticidas, sino que tampoco eran capaces de actuar a posteriori.
Rachel debió hacer frente a críticas excesivas principalmente relacionadas con su condición de mujer. A pesar de todo, el libro tuvo una gran influencia y ayudó a cristalizar el movimiento ecologista. El debate generado contribuyó a la creación de una Agencia para la protección del medio ambiente por parte del gobierno americano y a la adopción de las primeras grandes leyes antipolución. Carson falleció en 1964, a los 56 años de un cáncer de mama. Su obra marca el momento en el que la sociedad comprende que la naturaleza es un todo complejo, que todo está interconectado y que las consecuencias de cualquier acción, incluso sobre la salud humana, son difíciles de predecir. 
En palabras de la propia Rachel: «El ser humano es parte de la naturaleza y su guerra contra la naturaleza es, inevitablemente, una guerra contra sí mismo.»
  

sábado, 5 de octubre de 2013

Investigador de la UNAM, dice que los animales son sujetos de "consideración moral"



MORELIA |  4 DE OCTUBRE DE 2013
Los organismos vivientes nos acercan a todo lo que contribuye a nuestro desarrollo y por lo tanto a la continuación de nuestra vida, es por ello que también nos alejamos de todo aquello que atenta contra nuestra integridad física; por esta razón para el ser humano resulta difícil tener una empatía con las cucarachas, las arañas, animales ponzoñosos o depredadores de nuestra especie e insectos en general a diferencia de los osos panda, mamífero con el que simpatizamos porque creemos que es más fácil interactuar con ellos, así lo aseveró el doctor Alejandro Herrera Ibáñez del Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM en su conferencia “Del dolor a la empatía o de los osos panda a las cucarachas”.
En su charla enfatizó que los seres humanos tendemos a pensar que no está bien matar animales de cualquier especie mientras no percibamos que nos puedan hacer daño, sin embargo si aceptamos que es moralmente relevante aplicar la regla de oro de la ética respetando a todo ser vivo que huye de lo que amenaza su existencia de la misma manera que nosotros lo hacemos, tendremos un criterio de considerabilidad moral más influyente y al cobrar conciencia de nuestras semejanzas con otros seres empezaremos a simpatizar con ellos. 
“La simpatía no es un buen criterio de considerabilidad moral si solo consiste en un sentimiento visceral que puede no ser compartido por todos, por ello más difícil resulta tener simpatía por animales poco carismáticos. Nuestra simpatía tiene que ser racional” enfatizó. Si bien la posesión de un sistema nervioso central es una condición suficiente para decir que hay sensaciones de placer y dolor, en los individuos que carecen de uno no podemos aplicar el criterio de consideración moral, lo más que podemos hacer es concederles el beneficio de la duda y relacionarnos con ellos como si fuesen capaces de sentir tales emociones y sensaciones.
Resaltó que han tenido que pasar varios años en México para hablar del dolor de los animales y de no maltratarlos por motivos éticos, sin embargo, aún tenemos que convencer a muchos con ciudadanos de que hay buenas razones para hacerlo, pues a lo largo de nuestra historia, los seres humanos hemos dejado de considerar a otros individuos, que anteriormente veíamos como no pertenecientes a nuestro pequeño círculo, como extraños. “En el momento que nos damos cuenta que tenemos que respetar, ayudar y cooperar con ellos en un plan de igualdad el círculo se comenzó a ensanchar. No todos han estado ni están dispuestos a aceptar esta ampliación del círculo, sin embargo las instituciones evolucionan a pesar de las resistencias”, enfatizó.
El Dr. Herrera, Investigador de la UNAM
Los deberes morales acerca de otra especie no son otra cosa que deberes indirectos, la bondad ejercida en relación con ellos tiene un valor formativo, educativo y nos sirve de entrenamiento para fortalecer nuestras actitudes morales y para ejercerlas adecuadamente para relacionarnos con nuestros semejantes. Agregó que debemos buscar en otros seres semejanzas relevantes que nos permitan ampliar el círculo de nuestras obligaciones morales. “Si nos percatamos de que no solo nuestros semejantes humanos pueden experimentar displacer sino que hay otros seres semejantes a nosotros que pueden pasar estas experiencias, inmediatamente son acreedores a nuestra consideración moral”.
Finalmente dijo que se han encontrado signos evidentes de inteligencia en primates, delfines, pericos, perros y gatos pues expresan su deseos, por lo que no tenemos que privilegiar el lenguaje como el único transmisor de los contenidos mentales pues solo es uno de los muchos medios de comunicación existente en el mundo de los seres vivos. “No hay una buena razón para privilegiar la comunicación lingüística como el único medio de transmisión de contenidos de estados mentales, solo nosotros somos criaturas lingüísticas pero ello no implica que no pueda haber pensamientos y palabras en las criaturas no lingüísticas a saber de otros sistemas semióticos de comunicación en lo que otras especies se asemejan a la neutra es en la posesión de un sistema de comunicación intraespecífica e interespecífica”, concluyó.
Fuente: Mi Morelia 

jueves, 13 de junio de 2013

El rechazo a los toros en Veracruz tiene antecedentes históricos


VERACRUZ |  27 DE FEBRERO DE 2013
Alrededor de 1625 la actual Plaza de la Constitución o Zócalo de Veracruz la usaban como plaza de toros durante la estadía de las flotas, además, en sus calles se realiazaba una especie de lo que en la actualidad se conoce como “pamplonada”. Esto no era del agrado de todos, especialmente de los que vivían y trabajaban alrededor de la plaza. Es interesante por describir una de las costumbres aún muy arraigadas en determinadas poblaciones del estado, sobre todo Xico y Tlacotalpan que son las más conocidas y comerciales. Así describe esta costumbre y sus problemas el doctor Juan de Villabona en carta dirigida al Rey el 8 de julio de 1625:

Los toros que continuamente se lidian en la plaza de la Veracruz y los inconvenientes que de ello resultan para que se prohíba y remedie.
Visto.
Conviene sumamente que V. M. mande quitar el injusto abuso que han introducido los generales y gente de flota de lidiar toros todos los días en la plaza pública de esta ciudad a donde es el concurso del comercio y viven los mercaderes y tratantes y oficiales de todos oficios causando el perjuicio que se deja considerar al buen gobierno de la república y no menor al despacho de los negocios de justicia por la inquietud y ruido que causa en el juzgado que está en la plaza y aunque esto se ha moderado con mi asistencia representándoles al General estos inconvenientes no ha bastado para que cesen, obligando algunas veces a que la gente de tropel se entre a guarecer estando habiendo audiencia cerrando y abriendo las puertas.
Como el ayudante Alonso de Vides dio de palos públicamente y en la plaza a Miguel de Vega persona que administra las carnicerías, español, casado y de obligaciones por no haber dado toros para que se lidiasen y de otros daños que de esto se siguen.
Visto
De este principio que es origen de muchos males resulto por no dar toros a los soldados, Miguel de Vega persona que administra las carnicerías, español, casado y de obligaciones le diese de palos con la bengala un ayudante llamado Alonso de Vides en la plaza pública de esta ciudad y al cabo se tuvo por mejor consejo que el apaleado gustase ser su amigo y yo le solicite a instancia del General porque se pensó que aún no quedaba contento el ayudante y con estas obras y malas palabras y violencia entran en las carnicerías y sacan el mejor ganado y lo dejan algunas veces muerto en las calles y otras tan herido y cansado que es lo mismo para que después se pese y lo coma la república como es forzoso y estos delitos dicen los soldados que es costumbre, y si matan es costumbre, y si hieren es costumbre, y si quitan las mujeres, honras y haciendas es costumbre y se salen con todo y saldrán hasta que V.M. apiadado con su real clemencia y escuchando los clamores y lágrimas de estos vasallos cautivos lo mande remediar y castigar libertándoles del poder de estos gitanos.

Este texto forma parte de una extensa carta donde el doctor Juan de Villabona, oidor de la Audiencia de México y que provisionalmente ocupaba el puesto del corregidor de Veracruz, expone todos los problemas que había tenido con el General de la flota, Gabriel de Chaves. En estos párrafos describe someramente esta costumbre, enfocándose más en los problemas que ocasiona y sobre todo pidiéndole las prohibiera.
Es de destacar el abuso de poder que cometían los de las flotas tanto con las personas como con los animales. El texto deja entrever la manera en que los toros eran llevados desde las carnicerías hasta la plaza. El recorrido por las calles de la ciudad debía ser semejante a las “pamplonadas” de Xico o Tlacotalpan, por mencionar dos de las fiestas tradicionales del estado de Veracruz, en donde una turba de personas corretean y torturan al animal provocando su cansancio o incluso su muerte.

Las últimas líneas del texto tienen tanta actualidad, que casi se podría asegurar, que lo firmarían con los ojos cerrados las personas y grupos protectores de animales. Esta carta fue “vista” por la autoridades españolas hasta el 20 de julio de 1626. Aún no se ha encontrado el documento con la respuesta, si que la hubo. Sobre la prohibición de las corridas de toros en la Nueva Veracruz se conoce por Joseph Veytia Linage que el Rey emitio una cédula el 2 de septiembre de 1621, en donde ordenaba “q. mientras la Flota estuviere en la Veracruz no se corriessen toros en aquella ciudad.  (2)
Aqui surge la duda, si ya estaban prohibidas las corridas ¿Por qué la desconocia el doctor Juan de Villabona, siendo oidor de la Audiencia o las otras autoridades de la ciudad?  o ¿Acaso la fecha dada por Veytia es erronea y en realidad se prohibieron después de 1625? Las respuestas,  por el momento no se conocen.
Fuente documental:
(1) “CARTAS DE AUDIENCIA” Archivo General de Indias, MEXICO,74,R.6,N.92, 1625-06-30, Veracruz.
(2) Veitía Linage, Joseph de,  Norte de la contratación de las Indias occidentales, Comisión argentina de fomento interamericano, 1945, p. 442.
Fuente: Veracruz Antiguo 
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