lunes, 3 de febrero de 2014

Persiste tradición de maltrato animal en Tlacotalpan


VERACRUZ |  2 DE FEBRERO DE 2014
Nada de lo que se dijo se cumplió. Ni se cuidó a los toros del maltrato, ni la sociedad tlacotalpeña y turistas le hicieron caso al preocupado ambientalista y secretario de Medio Ambiente, Víctor Alvarado Martínez, quien vestido como el vaquero Woody de la película Toy Story declaró: “La tradición del embalse evoluciona, se ha creado una panga ex profeso para los toros…”, “se multará con 25 mil pesos a quien maltrate a un toro” dijo en la mañana con sombrero en la cabeza, antes del primer embalse.
Para que los reporteros lo vieran y saliera sonriente para la foto, el secretario estuvo dando vueltas en círculos, en el mismo lugar, durante veinte minutos para reparar unos volantes: “Ayúdenos a cuidar a los toros, ¿ya leyeron el reglamento?, tomen, les regalo uno” dijo presumiendo su enorme sonrisa y su ropa de vaquero elegantísima. En el mismo sentido, el alcalde de Tlacotalpan Homero Gamboa, quien vestía una playera con un corazón en la espalda en que demostraba su gran amor por los toros que decía ‘Yo cuido al toro’ declaró:"Tenemos que evolucionar, no podemos seguir igual”.
Sin embargo, en la fiesta casi todo fue una desorganización. Primero, porque el mismo pueblo desconocía la nueva dinámica del embalse. Unos decían que empezaba a las nueve, otros a las diez, otros a las once y otros a las doce. Segundo, porque los tránsitos y policías en vez de ayudar, sólo respondían cuando les preguntabas por una calle: “No sé, nosotros sólo venimos de apoyo”. Tercero, la panga tardó más de media hora en atrancar para darle paso a los toros, quienes salían de un corral al otro lado del pueblo tlacotalpeño. 

Además, un toro bravo se les escapó del corral y se les metió al río. En cuanto a arriarlos a la panga y ya no al río, el método fue el mismo, pegarles con unos palos que en la punta parecían dar toques eléctricos. La panga tuvo que hacer dos viajes, primero llevó tres y luego otros tres.
De acuerdo con uno de los lancheros, que navegaba un bote llamado La Perla, en estas fiestas se gastan 20 mil pesos. Cada res según su peso viene saliendo entre dos mil quinientos y tres mil pesos. “Esta vez según ya no los compraron, sólo los rentaron por lo  que protestaron, antes el ayuntamiento se los quedaba, pero ahora los van a regresar así.”
Les avientan cerveza y hasta… orines
Mientras uno de los toros, el que se había escapado, se tiraba al río y unos hombres con sombrero trataban de regresarlo a tierra, los otros tres llegaban en la panga hacia una turba enardecida que decía ¡Ahí viene el toro! Al salir el primero, no faltó el que le aventó el primer vaso de cerveza. La turba, con una gallardía impresionante, le lanzaban al animal vituperios, cerveza, escupitajos al toro amordazado en patas y cuello por “la brigada de cuidado al toro” que andaba a caballo. Entre la multitud que portaba gorras para el sol y gorritas de cuernos, la gente que vendía comida, señoras con sus hijos en brazos, el primer toro salió disparado. El primero en correr fue el subsecretario de turismo, Guillermo Herrera Mendoza, quien primero se acercó valientemente cuando el toro estaba encerrado. Pero cuando lo soltaron, huyó escondiéndose entre la gente.  
Después soltaron el segundo y luego el tercero. Todo era una repetición. Gente gritando ¡Ahí viene el toro!, personas aventándoles cerveza y orines en vasos, señores con sombrero montándolos y personas que les jalaban la cola con excelsa gallardía cuando los toros estaban amarrados. Hay quiénes disfrutaban el espectáculo de la crueldad desde atrás de una reja o desde una grada. Hay quienes no sólo sorteaban ser cornado por algún toro, sino que se cuidaban del excremento de caballo que perfumaba las calles de Tlacotalpan.
Funcionarios sonrientes
Guillermo Herrera Mendoza y el secretario de Turismo Harry Grapa además de sortear la mierda de caballo como en saltitos, observaban la fiesta y se reían de la gente. Vestidos con sus guayaberas conversaban y lanzaban chistes entre ellos. Después se le sumó el alcalde tlacotalpeño, Homero. En eso llegó la segunda panga con otros tres toros y se acercaron a ver. Pero antes, el alcalde pidió tres sombreros, dos para sus amigos “Memo y Harry”, y uno para él.
Cuando un achichincle trajo los tres sombreros blancos, Harry no quiso el suyo, hizo señas de que quería otro. Minutos después le trajeron uno negro. Cuando se lo puso sonrió elegantemente como si se tratara de un Espinoza Paz. Cuando bajó el primer toro, Guillermo Herrera Mendoza se volvió acercar a la panga, el alcalde le dijo en un tono paternal a su achichincle: No me lo dejen solo, porfa. Fue el segundo toro que puso a todos en un embrollo. Antes de que éste saliera, un tlacotalpeño le sugirió al secretario de Turismo: -¡Harry acércate!... -No, ni madres- le respondió, temeroso.
Cuando el toro salió disparado éste se cayó al río. Los hombres lo sacaron jalándolo desde el cuello. Al llegar a tierra, turistas y pobladores le echaron aserrín que traían en un muñeco cocido. Cuando el toro se soltó, entonces sí, toda la gente salió disparada, algunos de los achichincles de Harry y Memo, se cayeron al río. Un señor octagenario fue embestido para dar una vuelta en el aire para caer de nuca y espalda en el concreto. La gente se burló en vez de consternarse. Mientras llegaban los paramédicos soltaron el último toro, pues ninguna tragedia puede más que la fiesta.
Guillermo Herrera Mendoza sonreía para la foto mientras el octagenario se quejaba del dolor. Hasta guiñaba el ojo ahí a un lado de él. El que desapareció en el incidente fue el secretario de Turismo Harry Grappa, corrió por su vida, se esfumó como cuando alguien va a preguntarle algo turbio. Además de él, el otro gran desaparecido fue el secretario del medio ambiente, Víctor Alvarado, quien vestido como ese vaquero de caricatura, nunca se le vio protegiendo un toro ni exigiendo a los policías que detuvieran a alguna de las decenas de personas que valientemente maltrataron a alguno de los seis toros.
“Reglamento” ineficaz
La organización por el Respeto y la Protección Animal (ARPA) grupo Xalapa, denunció que el ayuntamiento de Tlacotalpan no cumplió al pie de la letra el reglamento elaborado por la misma institución para proteger a los toros de la tortura a la que son sometidos tras el embalse y la pamplonada. A través de su perfil Facebook grupo ARPA, exhibe unas fotografías que muestran el terror que sufrieron algunos toros cuando tras el embalse, no lograron saltar a tierra firme y cayeron al agua donde fueron arrastrados y semiahogados.
Otra imágen muestra el terror de otro toro cuando cae y es arrastrado para que se levante y pueda seguir corriendo. “Los toros si llegaron en la lancha elaborada para pasarlos al otro lado, pero dos cayeron al rió al llegar al muelle, sin embargo abajo todo fue de terror para ellos“, dicen indignados.
Agregaron que la organización defensora de animales, tomará las debidas acciones legales contra el ayuntamiento de Tlacotalpan, que se había comprometido a velar por el buen trato para los toros que se embalsan y luego se sueltan en la calle principal para la diversión de los amantes de la pamplonada. Los activistas de ARPA y otros, se encuentra en el citado municipio, documentando el trato que les están dando a los toros en el marco de las festividades de la Candelaria que iniciaron desde el día 31.
Autoridades “no vieron maltrato”
El director general de Administración de Emergencias de Protección Civil del Estado, Ricardo Maza Limón, minimizó las agresiones que sufrieron los seis toros el día sábado en las fiestas de la Candelaria, y que autoridades habían prometido que vigilarían para que estas no ocurrieran. “Es que nadie le clavó un puñal. Creo que maltrataron más a los que se les pusieron enfrente. No hubo quien los agrediera de forma punible, fea, que le quemara con un cigarro o le enterrara un puñal o esas tonteras que luego hacen” dijo en tono de burla.
En cuanto al saldo de las fiestas, Ricardo Maza aseguró que hasta el momento sólo tienen reporte de tres riñas, cinco golpes de calor, y 4 lastimados por pisotones de caballo. “Tenemos tres riñas, hasta el momento, sin reporte de lesiones. Sólo tenemos uno que le dio directamente el toro al tórax. Tenemos hasta el momento cinco por golpes de calor, pisotones, lo que sí te puedo decir es que yo sólo he visto aquí pura fiesta, baile y riñas”, agregó.
En cuanto a los golpes de calor, Ricardo Maza sacó sus dotes de físico y declaró que en esta temporada son comunes. "No es porque queramos que nos ocurran pero la falta de oxigenación constante y la velocidad del viento hace que se aglomere la gente y da paso al sofocamiento". El encargado fue entrevistado en la celebración de eucaristía que fue presidida por el obispo Luis Felipe Gallardo Martín del Campo en el Santuario de la Candelaria, donde afuera se pudo observar que los elementos de Protección Civil eran superados por la gente que se mareaba, sobre todo porque las camionetas y el cuerpo estaban del otro lado donde sucedían los desmayos. En cuanto a eso Ricardo Maza se justificó: Está todo bien señalizado, tenemos cuatro cuatrimotos y estamos monitoreando de un lado a otro, y hasta el momento sólo tenemos el reporte de cuatro personas. Incluso una reportera tuvo que llevar a una de sus compañeras a su casa, en una tienda de abarrotes, al ver que nadie de Protección Civil llegó a auxiliarlas.


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