Por: Carlos M. Duarte
Profesor de Investigación, CSIC, en el Instituto Mediterráneo de
Estudios Avanzados (IMEDEA)
ESPAÑA | 8 DE ABRIL DE 2014
El dios Apolo, despechado
por ser rechazado por Casandra, castigó a esta con la capacidad de predecir el
futuro pero que nadie la creyese. Así los troyanos aceptaron el regalo del
caballo de los aqueos haciendo caso omiso de las advertencias de Casandra.
Al igual que Casandra,
los investigadores que trabajamos en comprender y anticipar los impactos del
cambio climático hemos sido castigados, esta vez por el dios Mercurio, del
comercio y la codicia, con la capacidad de anticipar el futuro pero no ser
creídos.

El informe del IPCC,
basado en la evaluación de las evidencias recogidas en un volumen de literatura
científica que duplica a la disponible como base para la evaluación anterior
(2007, AR4), concluye que el cambio climático está ocurriendo ya, que tendrá
efectos mas devastadores de lo previsto en evaluaciones anteriores, afectando
sobre todos a los más pobres, y que generará conflictos importantes.
Las
catástrofes y sus consecuencias son ya palpables pues los fenómenos extremos han
aumentado en frecuencia e intensidad y sus efectos, que generarán impactos
valorados en varios puntos del PIB global, pueden dar al traste con las
perspectivas de reactivación de las economías regionales y globales.
La ciencia progresa a
partir de establecer una serie de hipótesis para explicar observaciones, que,
una vez confirmadas, se convierten en teorías que permiten formular
predicciones. Cuando estas predicciones no se cumplen, las teorías se
debilitan, siendo necesario buscar nuevas hipótesis que permitan proponer
teorías que formulen predicciones veraces. Sin embargo, cuando las predicciones
se cumplen las teorías salen reforzadas y las predicciones siguientes ganan en
fiabilidad.

El futuro que pronostica
el informe del IPCC no es ya preocupante sino que, de no hacer nada, sería
catastrófico. Cada vez queda menos tiempo para poder frenar los impactos y
poder controlarlos y asimilarlos o adaptarnos a ellos.
Si las sociedades, nacionales
y globales, no toman medidas contundentes sin mas dilación estaremos abocados a
un futuro de catástrofes naturales, hambrunas, flujos migratorios
incontrolables y conflictos. África, el continente que más personas añadirá a
la población global hasta alcanzar los 9.000 millones de habitantes en 35 años,
es un continente aquejado ya por hambruna, pobreza y conflictos. Si ahora son
centenares los que intentan saltar las vallas de Ceuta, ¿qué ocurrirá cuando
sean millones? ¿qué pelotas de gomas o concertinas podrán detenerles?

¿Donde está la sorpresa
en que los hechos que nuestras teorías y modelos predicen se confirmen una vez
sí y otra también? ¿Tan débil es la memoria
de los medios y de la sociedad que los consume?
Frenar y destruir los
avances en la implantación de energías renovables, como la solar o eólica, para
seguir consumiendo combustibles fósiles, invocando para ello la necesidad de
fomentar el crecimiento económico, es ignorar que el cambio global puede dar al
traste con la débil recuperación económica y causar una crisis económica global
de la que no saldremos en décadas. Subvencionar la implantación de energías
renovables es una necesidad absoluta pues no serán los mercados quienes nos
resuelvan el problema del cambio climático con sus mecanismos basados en la
codicia como único motor.

El lunes 31 de marzo el
IPCC anunciaba las principales conclusiones sobre la actualización de la
evaluación de los impactos del cambio climático. El espacio dedicado en los
medios de comunicación a este informe ha sido una fracción mínima del dedicado
al comentar una infracción de tráfico de una política de segunda fila.
Cuando el cambio
climático nos vuelva a golpear, cada vez con más furia y más seguido, nos
preguntaremos qué ha pasado y quizás entonces alguien recuerde que Casandra ya
nos previno.
Fuente: El
Huffington Post
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